Archivo | Diciembre, 2008

El color perfecto

Estoy seguro que tu labrador es el “perfecto” para ti, y que ocupa en tu familia un lugar de cariño indiscutido. Sin embargo, si deseas presentarlo en un torneo de razas o si deseas tener un perro que responda a las altas (altísimas) exigencias de las organizaciones cinéfilas internacionales, hay algunos (muchos) detalles que debes conocer.

Para ello es necesario que convengamos sobre las distintas zonas del animal que habremos de identificar en futuras entradas. Por eso dejo aquí una imagen extremadamente clarificadora sobre esa nomenclatura internacional.

  1. Nariz o trufa
  2. Hocico o Testuz
  3. Belfos
  4. Ojo
  5. Boca
  6. Stop
  7. Cráneo
  8. Carrillos o maseteros
  9. Oreja
  10. Cuello
  11. Quilla o Punta de Esternón
  12. Cruz
  13. Hombro
  14. Húmero
  15. Brazo
  16. Codo
  17. Antebrazo
  18. Carpo
  19. Maro
  20. Uñas
  21. Pecho
  22. Espalda o línea superior
  23. Lomo
  24. Grupa
  25. Costillar
  26. Flanco
  27. Ingle
  28. Prepucio
  29. Testículos
  30. Inserción de Cola
  31. Cola
  32. Punta de la Cola
  33. Isquión
  34. Muslo
  35. Rodilla
  36. Pierna
  37. Corvejón
  38. Tarso
  39. Vientre o línea inferior
  40. Pulpejos o almohadillas

¿Existe el labrador “ideal”? Sí, definitivamente sí, y es aquel que responde a las siguientes características:

Color: los colores oficialmente aceptados para labradores Retriever de pedigree reconocido son el negro, amarillo y chocolate. Cualquier otro color, o combinación de colores implica la no aceptación oficial del ejemplar como exponente puro de la raza. Puede admitirse una pequeña mancha blanca en el pecho (aunque no es deseable).

El color negro debe ser 100% negro, profundo y brillante; el amarillo considera la gama que abarca desde el rojo zorro hasta el color crema claro; el chocolate puede variar en profundidad pero en todos los casos debe estar libre de manchas o zonas de diferente color.

Como ves, poseer un ejemplar que responda al estándar internacional no sólo no es sencillo, sino que además requiere un ojo entrenado capaz de detectar la más mínima imperfección. Pero insisto, echa una mirada al labrador que juega con tus niños, ¿no es perfecto para ti?

Fuente: Rollmar Retriever

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Dermatitis por contacto, una afección frecuente

A pesar de todos los cuidados que puedas ofrecerle a tu mascota, en algunas oportunidad, su propios hábitos hacen que se manifiesten algunas enfermedades a las que conviene prestarles atención.

Este es el caso de las muy comunes “dermatitis por contacto”. Este tipo de afecciones se caracterizan por la aparición en ciertas áreas del cuerpo del animal de lesiones superficiales de la piel, manchas rojizas y en algunos caos hasta pequeñas pústulas o ampollas.

En principio no debes alarmarte, sino acudir a la consulta profesional con un veterinario especializado en mascotas domésticas quien seguramente indicará un tratamiento basado en corticoides o antibióticos que podrán ser suministrados vía oral o aplicados mediante cremas de manera tópica.

Las dermatitis de contacto se producen de manera más frecuente en testículos, ingles, abdomen o codos y su factor principal es el contacto (tal vez demasiado) con alfombras, tierra seca o pasto. Otro motivo habitual es el hecho de que sobre pisos o alfombras se utilicen productos de limpieza que producen alguna reacción alérgica en el animal.

Será tu veterinario la persona más indicada para establecer el tipo de dermatitis que tu labrador manifiesta e indicarte los pasos más adecuados a seguir para curar su delicada piel y al mismo tiempo eliminar los factores que puedan producirla.

En los casos en los que los animales se lamen esas lesiones o se rascan en demasía, lo más recomendable es la utilización de un “collar isabelino” que impedirá que el propio animal incremente la cantidad de lesiones o empeore las existentes.

Por lo general los tratamientos disponibles en el mercado son altamente efectivos y muy bien tolerados por esta raza, por lo que no existe mayor motivo para preocuparse.

Recuerda que tu labrador debe realizar ejercicio frecuente (no incentives en él hábitos demasiado sedentarios) y que debes mantener su lugar destinado de la casa, limpio (procura usar productos hipoalergénicos para la limpieza) y seguro.

Al cabo de unos pocos días podrás observar una notable mejoría en el aspecto de sus lesiones hasta su total desaparición. La salud de tu labrador es parte de tu responsabilidad como dueño y proveerle los medios necesarios para mantenerlo saludable y vital fortalecerá con tu animal esos lazos de mutuo afecto que les han unido.

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