Archivo | Noviembre, 2008

Compañeros de juegos

Aunque no he de extenderme mucho sobre la importancia que reviste en la formación de la personalidad y la consolidación de los afectos de un niño, una estrecha relación con una mascota, dejaré algunas breves consideraciones que ayudarán a forjar esos lazos indestructibles surgidos del más profundo amor por la vida:

  • Una mascota permite que el niño reconozca otras formas de vida y asuma responsabilidad por ella: alimentarlo, asearlo, protegerlo, pasan a ser tareas que contribuirán enormemente al proceso de socialización de todo niño.
  • La incondicionalidad de los afectos, proveerá a los pequeños de un espacio seguro de contención y entretenimiento.
  • Desafortunadamente, por la espectativa de vida propia de los perros, el niño aprenderá en algún momento que la muerte es parte del proceso natural de la vida y será una lección muy valiosa que le ayudará a enfrentar futuros duelos.
  • Toda enseñanza que pueda brindárseles a los pequeños de la casa en relación al respeto, la protección y los cuidados hacia la mascota, permitirá que el niño haga una proyección personal hacia otras especies, valorando la naturaleza en sus múltiples manifestaciones.

Sin embargo hay algunos detalles que deben ser observados muy estrictamente:

  • A pesar del carácter afable de los labradores, quizá los más indicados para integrar una familia con niños pequeños, resulta imperioso mantener una estrecha vigilancia sobre ambos. Recordemos que ni los niños ni los perros poseen mayor conciencia sobre su propia fuerza y destreza corporal y algún juego podría resultar peligroso para alguno de ellos, o ambos.
  • No debemos permitir que el niño perturbe al perro mientras éste está comiendo, pues – instinto canino al fin – el perro tenderá a proteger su alimento y podría tener alguna reacción agresiva hacia el menor.
  • Un labrador disfruta enormemente de los juegos con niños, por lo que buscará seguirlos y jugar con ellos tanto como sea posible. Enseñemos a los pequeños que si deciden correr para alejarse del perro, éste los perseguirá convencido de que es parte de la diversión. Entrenemos al perro, mediante órdenes claras y firmes, cuándo el juego ha terminado.
  • En el caso de bebés recién nacidos en la casa, es una buena idea que el perro “huela” al niño y que aprenda claramente que a la habitación del pequeño no puede ingresar. No olvidemos que tanto si ha llegado primero el perro como si se incorpora a la casa con posterioridad al nacimiento, habrá una cuestión “territorial” que resolver. No debemos dejar nunca al niño sin vigilancia pues las escenas de celos de uno hacia el otro suelen ser frecuentes.

Un perro es una mascota que vivirá gran parte de su vida junto a una familia que lo quiera, lo cuide y lo valore. Desarrollar esta relación con normas de seguridad bien claras, ayudará a construir una experiencia inolvidable.

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El entrenamiento de un labrador

La simpatía, hiperactividad y travesuras propias de esta raza cuando son cachorros pequeños, pueden convertirse en una verdadera tortura para sus dueños, si el perro no es entrenado a temprana edad.

Su agilidad y afición por los juegos, si no son “limitados” a tiempo, pueden tornarse en descontrol y se volverían mascotas casi imposibles de manejar.
El entrenamiento que requiere un labrador no es necesariamente profesional. El propio dueño puede inducirlo desde pequeño en el cumplimiento de normas simples y principios básicos de “buena conducta” para que pasado el tiempo, la convivencia se desarrolle por carriles de mutuo respeto y tranquilidad.

Una de las características más sobresalientes de la raza es su osadía y falta de temor a situaciones desconocidas, lo cual representa una ventaja (nuestra mascota será valiente, excelente guardián y temerario defensor de las personas u objetos puestos a su cuidado), y una desventaja a la vez (si no se le determinan normas esenciales de comportamiento, desoirá las órdenes de su amo y se lanzará en búsqueda y conquista de lo que le llame la atención… lo que sea).

Por eso es importante que desde pequeño comience a respetar y obedecer la voz de su amo. Esta habrá de ser firme pero cordial. Al igual que en la educación de un niño, una concesión puede marcar la diferencia entre la obediencia y la manipulación psicológica. Los labradores fijan sus ojos melancólicos en los ojos de su amo, y si éste cede en sus pretensiones habrá perdido un valioso territorio de autoridad que costará recuperar.

Las buenas acciones del labrador deberán ser recompensadas con golosinas (consigues algunas en tiendas especializadas) o cariñosas palmadas en el lomo. Sus malas acciones deben ser reprendidas (nunca físicamente) con palabras firmes, tono serio y con férrea pero amable intransigencia. Te asombrará descubrir cuán inteligente puede resultar tu mascota ante las explicaciones de por qué si y por qué no de determinada acción.

Si buscas un entrenador profesional para tu labrador, asegúrate de que cuente con la experiencia suficiente en la materia. Los labradores son una raza que aprende mejor a través de la cordialidad y la firmeza que ante los métodos severos y estrictos. Conversa con el entrenador en cuestión sobre cuáles son los modales a aplicar en el caso de tu mascota y decide en consecuencia.

Recuerda que tu labrador es parte de tu familia y no querrás ponerlo en manos de una persona inexperta o que aplique en él métodos inapropiados.

Con un buen entrenamiento, tu perro se convertirá en tu aliado y podrás disfrutar de su compañía, con seguridad, tranquilidad y sin sobresaltos.

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La personalidad del amo influye en el carácter del perro

Labrador Mirando el Amo

En entradas anteriores nos hemos ocupado del carácter de estos magníficos perros. Hoy profundizaremos sobre el tema, pero desde otro punto de vista: ¿cuánto influye en la conducta de estos animales, el carácter y personalidad de su dueño?

Los labradores pertenecen a una raza de gran lealtad, inteligente y cariñosa. Criados en franco contacto con los seres humanos, resultan mascotas de innmejorable humor y permanente compañía. Es proverbial su buena predisposición al juego, su afecto por los niños y su excelente desempeño como guardianes.

Si tu interés es entrenar a tu labrador debes recordar que el primer ejercicio importante es el que se destina a que aprenda a reconocer y obedecer la voz de su amo. Esto se logra con palabras firmes pero amables, sin regaños extremos ni gritos exagerados. Los expertos aseguran que se obtienen más y mejores resultados si las órdenes son claras y breves y provienen de un tono de voz que no supere los decibeles de una conversación normal.

Muy astutos e inteligentes, aprenderán con facilidad todo cuanto les enseñes… lo bueno y lo malo. Por eso es fundamental ser cauto a la hora de enseñarle juegos o “travesuras” pues las recordará toda su vida y será muy difícil quitárselas después. Cuando cachorros son sumamente activos y podrían llegar a fastidiar bastante con su afición por los objetos móviles, correteando todo cuanto pase dentro de su campo visual. Aprovecha este interés por los objetos para enseñarle a identificar claramente uno de otros y de a poco dejar en su personalidad consignas claras y precisas sobre cómo actuar en cada caso. Por ejemplo: no romper los juguetes de los niños, no destruir el jardín, etc… Verás con cuánta facilidad recuerda lo enseñado.

En cuanto al dueño, también es importante que posea la personalidad adecuada para llevar adelante una relación afectiva con un labrador. Su carácter debe ser cordial, amable, predispuesto al juego y las caricias. Está comprobado que un perro criado junto a una persona poco sociable o demostrativa, se volverá huraño, desconfiado y hasta destructivo.

Son animales ideales como lazarillos para ciegos por la entrañable relación que son capaces de entablar con su amo. No responden a tratos violentos, ni castigos severos. Siempre será preferible que premies sus logros en vez de castigar sus errores. Con firmeza, amabilidad y por sobre todas las cosas, con gran respeto, obtendrás de tu labrador el magnífico compañero que puede llegar a ser.

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Algunas patologías propias de la raza Labrador

Algunas patologías propias de la raza - Labrador Blanco Sentado

Aunque sea justamente considerado como una de las razas más fuertes y trabajadoras, los labradores retriever no están exentos de sufrir algunas patologías que son propias de la raza, pero que pueden prevenirse o incluso evitarse con los cuidados oportunos.

A continuación citaremos algunas de las enfermedades más comunes en estos animales con el objetivo de informar y que mediante el conocimiento, puedas acudir tempranamente a una visita veterinaria y arbitrar todos los medios para que tu labrador goce de óptima salud durante gran parte de su vida.

DISPLASIA DE CODO
Tal como sucede en el caso de la displasia de cadera, de la que ya nos hemos ocupado en entradas anteriores, la displasia de codo también tiene una fundamentación genética y se manifiesta desde muy temprana edad. Por lo general aparece alrededor del primer año de vida por lo que resulta primordial efectuar los controles radiológicos frecuentes ya que se trata de una patología que puede ser asintomática y es preciso anticiparse a las dolorosas consecuencias de una atención tardía.

MIOPATIA DE LA COLA
Esta afección se conoce también como “cola húmeda” y no es exclusiva de los labradores pero suele manifestarse con cierta frecuencia. El síntoma más contundente es la parálisis de la cola que por lo general es activa y vivaz en esta raza. Entre las causas más comunes que pueden producir Miopatía de la cola podemos citar los entrenamientos prolongados, áreas de reposo poco adecuadas, baño en aguas frías, entre otras. Con tratamiento veterinario esta patología es fácilmente reversible mediante la administración de antiinflamatorios y otros medicamentos. No debe ser motivo de alarma para los dueños.

ROTURA DE LIGAMENTO CRUZADO ANTERIOR

Aunque no se trata de una patología de origen genético, es muy común en la raza debido a una debilidad manifiesta en la rodilla acentuada por el peso del animal y la exacerbada actividad física que realiza. La manera más recomendada de prevención es mediante radiografías periódicas y llegado el caso, una intervención quirúrgica.

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